Este Cacao Criollo excepcional crece en los confines del distrito de Caranavi, en los Yungas del Norte del departamento de La Paz. Un territorio de biodiversidad exuberante, donde los árboles de cacao crecen salvajes, bajo la sombra protectora de la selva virgen, en un ecosistema primitivo e intacto.
Acceder a estas plantaciones es en sí mismo una expedición: horas de pistas sinuosas, ríos que cruzar, senderos que abrirse paso entre la vegetación densa. Cada mazorca es cosechada a mano y transportada manualmente fuera de la selva, en un proceso que exige tanto esfuerzo físico como profundo respeto por la naturaleza.
Cada cosecha refleja el carácter único y salvaje de esta tierra generosa y viva — un cacao que lleva en sí la esencia misma de la Amazonía boliviana.